9 signos de que tu chico es infiel

Actúa raro con su celular, está desconectado y desaparece… Si estás desconfiando, chequeá esta nota.

Si últimamente se cruzó por tu cabeza que tu chico podría estar viendo a otras mujeres, no te alarmes. La idea no es que empieces a hacer falsas acusaciones sino que, más que nunca, mantengas la calma y seas muy observadora.

Aquí van los típicos comportamientos del hombre infiel.

1.Menos sexo. Si lo está obteniendo de otra fuente te vas a dar cuenta. Pero ojo: puede ser u otra mujer o muchos videos porno.

Si le suena el teléfono se pone nervioso, se va a otra habitación y te responde a la defensiva si le preguntás si está todo bien. Cuidado…

2.Actúa raro con su teléfono. Antes, si estaban en el sillón y le llegaba algún mensaje o llamado, atendía sin problemas y vos casi ni lo notabas. Pero ahora se pone nervioso, se va a otra habitación y te responde a la defensiva si le preguntás si está todo bien. Cuidado…

3.De repente, habla de alguien nuevo. Cuando te gusta alguien querés contárselo a todo el mundo. Si últimamente el nombre de esa simpática chica nueva del trabajo aparece aleatoriamente en sus anécdotas, prestá mucha atención.

Si últimamente el nombre de esa simpática chica nueva del trabajo aparece aleatoriamente en sus anécdotas, prestá mucha atención

4.Está desconectado. Las relaciones van fluctuando pero si últimamente notás que te presta poca atención y pone su energía en otras cosas cuando estás cerca. Ya no se ríe, está desconcentrado cuando tienen sexo y se pierde cuando le estás hablando, es hora de ver si está poniendo la energía en alguien más.

5.Bomba de humo. ¿Viajes de trabajo? ¿Imposible comunicarte con su teléfono? ¿Horas sin responder un mensaje? Quizás tus sospechas tengan un sustento.

6.Sus amigos actúan raro a tu alrededor. Acordate de que son sus amigos, no los tuyos. Obviamente, van a ser leales a él aunque sepan que te está engañando. Pero si ya estableciste una relación con ellos seguramente se sientan incómodos y te traten con más cuidado que antes o se muestren más cariñosos. DESCONFIÁ.

¿Viajes de trabajo? ¿Imposible comunicarte con su teléfono? ¿Horas sin responder un mensaje? Quizás tus sospechas tengan un sustento

7.Mentiritas. Si descubrís que te mintió, eso impacta directamente en tu confianza en él. Podéis perdonar alguna que otra mentira pero si se repiten una y otra vez, entonces seguramente que hay una razón muy grande atrás de todas ellas. Es momento de que te sientes a tener una charla muy honesta con él.

8.¿Reincidente? Si te contó que fue infiel en el pasado, quizás pienses que su ex no era la chica para él. Además, con todas las cosas malas que te contó, a la pobre ya le armaste un perfil del horror. Pero mucho cuidado. Porque quien fue infiel una vez, lo es dos veces: la infidelidad es un acto completamente egoísta y quien lo ejecuta lo hace sin considerar a su pareja. No importa que seas la mejor novia, pasa por otro lado.

Nunca ignores tu sexto sentido: cuando sentís que algo no va bien, prestate atención

9.Lo intuís. Nunca ignores tu sexto sentido. Cuando sentís que algo no va bien, prestate atención. Probablemente hayas estado analizando situaciones inconscientemente, cosas intangibles que te llevaron a pensar en que él está en otra cosa.

Si tu chico está haciendo todo esto, entonces ya no es tu imaginación: es momento de hablar. Sentate con él tranquila y sé clara. ¡Mucha suerte!

¿Descubriste a tu novio en una infidelidad? ¿Qué otra actitud podéis agregar?

7 razones por las que tu chico adora hacerte sexo oral

Si te incomodás cuando él baja o pensás que lo hace por obligación, después de leer esta nota vas a cambiar de opinión. La moraleja: ¡relájate y goza!

1. Se extiende el placer: la parte de la penetración suele durar pocos minutos en comparación con lo que puede llevar la previa. Así que a él le encanta sentir cómo vos disfrutás… porque así él también disfruta más de la cuenta.

Él sabe que el sexo oral es la mejor antesala para excitarte al límite y acabar juntos en la penetración

2. Aumenta las probabilidades de un orgasmo de a dos: a las mujeres les lleva más tiempo llegar al clímax. Por eso, si tu chico quiere intentar un orgasmo compartido, sabe que el sexo oral es la mejor antesala para excitarte al límite y acabar juntos en la penetración. Porque, como ya sabés, si existiera una carrera para llegar al orgasmo, los hombres ganan.

3. Tus dedos en su pelo: el masaje que hacés con tus manos en su cuero cabelludo (que tiene muchas terminaciones nerviosas) resulta ser muy placentero. Nadie los toca de esa manera nunca. Es más, un tironcito de pelo tampoco les desgrada.

4. Baja la velocidad y puede observar más tu cuerpo: hay partes y gestos de tu anatomía que le encantan y que tienen mucha carga sexual aunque vos no lo creas: la piel suave por debajo de tu ombligo, la forma en que tu cadera se mueve cuando él te hace sexo oral o el arco que forma tu espalda. Cuando se están dedicando a tu placer, pueden reparar más en estas zonas que olvida durante la penetración.

Si de mimos se trata, prefiere hacerte sexo oral antes que un masaje las posibilidades de un orgasmo están latentes y a él le encanta verte acabar

5. Es mucho más hot que hacerte un masaje: es divino cuando tu novio te hace un súper masaje en la espalda o en los pies, ¿pero lo preferís antes que el sexo oral? Él seguro que no. Además, están latentes las posibilidades de un orgasmo y a él le encanta verte acabar.

6. Se centra en lo que realmente importa: que es tu clítoris. Porque, la verdad, es que tienen una tendencia a olvidarlo durante el coito, con tanto de feminidad a la vista. Tu chico sabe cuán necesario es estimularlo y por eso este es el momento ideal para atenderlo sin distracciones.

7. Una palabra —> underboob: imaginate que estás en la posición de tu chico, ahora mirá hacia arriba, ¿qué ves? Sí, tus lolas desde abajo. Eso lo excita mucho; al igual que tu cara extasiada de placer, claro.

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¿Cuándo es el momento ideal para ir a vivir juntos?

A algunos les asusta, a otros les emociona, para otros directamente no existe la opción de abandonar ese último resquicio de libertad que tienen y guardan con recelo, otros simplemente nacieron para la vida en pareja… El caso es que ya lleváis tiempo juntos, no importa cuánto y, según la personalidad de cada uno, es posible que este tema irrumpa más tarde que pronto, o viceversa..

La única verdad es que no existe fórmula mágica alguna acerca de cuándo una pareja debería darse ese pequeño gran salto que conlleva la convivencia: compartir las noches, los ratos de descanso, tener que cocinar, limpiar y lidiar con un sinfín de detalles que puede que ni siquiera conozcas de tu pareja. Pero lo que sí existen son una serie de indicadores que se pueden tener en cuenta a la hora de saltar a esa otra realidad:

¿Es un capricho?

Asegurarse de que el hecho de iros a vivir juntos no es un capricho repentino que hay que satisfacer instantáneamente. La convivencia implica una serie de responsabilidades que hay que estar dispuesto a asumir por igual. O mediante el acuerdo al que se llegue. El caso es que conlleva cierto nivel de compromiso que debe cumplirse por ambas partes.

Prudencia ante todo

Alquilar una casa, piso, ático o similar es más prudente que optar directamente por comprar una vivienda hasta que se compruebe que realmente una pareja es compatible en términos de convivir juntos.

Valores de pareja

Responsabilidad y compromiso para con las obligaciones de la casa, respeto mutuo o entendimiento son valores fundamentales que los dos miembros de una pareja debe compartir si de verdad quiere el éxito en la convivencia. Puede que antes uno viviera a su aire y se ocuparas de los quehaceres cuando le apetecía, pero ahora la consideración hacia su pareja tendrá prioridad.

Etapa de vida

Es importante preguntarse a uno mismo en qué etapa de la vida se encuentra y si de verdad está dispuesto a sacrificar la independencia que le brinda vivir a su aire o con amigos para adentrarse en una rutina totalmente diferente.

Y tú, ¿qué opinas sobre la convivencia en pareja?

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Cosas que se hacen por amor

Si tienes o has tenido pareja sabes de lo que hablamos. Le quieres muchísimo y la confianza reina en vuestra cotidianidad. De hecho, os queréis tanto que hacéis cosas que a cualquier otro le darían pereza pero que a vosotros os parecen casi hasta divertidas. A veces.

Por ejemplo, ¿te suena eso de tener que calentarle los pies que en ese momento parecen ser dos bloques de hielo bajo las sábanas? Una vez te tocan se te insensibiliza la zona afectada y saltas como un resorte. Pero le quieres tanto que estás dispuesto a devolverle a la vida aunque al final tengas que acabar tú echándote la manta que tenía que haberse echado ell@ cuando tenía frío.

¿Y lo de iros de viaje juntos y tener que dejarle tu cepillo de dientes porque el suyo se le olvidó en casa? Nivel de confianza: formidable. Sabes que se comprará uno en cuanto pueda, pero de esta no te salvas.

Otra muy recurrente y no muy bien encajada por ellos es la siguiente: pedirle ir a comprar tampones o compresas. Sí, sabemos que alguna vez en la historia lo has hecho. Y sabemos que en ese momento el pánico se apodera de su ser porque además no tiene otra opción que aceptar, sí o sí. Lo necesitas y lo necesitas ahora. Y lo cierto es que según si la situación es de necesidad extrema o no, su reacción y sus preguntas pueden suscitarte hasta ternura: “hay un montón! ¿cuáles necesitas? ¿para la noche, de día? ¿y de qué color, naranjas, verdes, amarillos…? ¿la caja grande, la pequeña? ¿y por qué son tan caros?” Ellas os lo agradecen.

Otro de los grandes clásicos es esa necesidad urgente de explotar los granos de su espalda. Tan divertido para ti y tan desquiciante para ell@. Es como si fuera una fijación irrefrenable que te atrapa y una vez que empiezas no puedes parar de buscar el siguiente, y el siguiente, y el siguiente…

Y no vamos a hablar sobre lo de ir a ver cualquier partido del deporte que sea porque ell@ no tiene con quien ir y te lo pide a ti como medida desesperada. No tienes ni idea de la alineación, no conoces ni la liga en la que juegan, prácticamente todo esto te da igual de hecho. Pero… no te queda más remedio que ir o ir e intentar enterarte al máximo haciendo las típicas preguntas que sabes que le desquician.

Estos son solo algunos ejemplos frutos del amor, el cariño y la confianza en una pareja. El caso es que al final siempre acabas pasándolo magníficamente con esa persona y acabarás haciendo estas y muchas otras cosas más por ella.

¿Qué cosas has hecho tú y han hecho por ti?

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Cosas que pueden arruinar tu relación de pareja

Como bien saben los enamorados que llevan muchos años juntos, la pareja es como una delicada planta que hay que cuidar a diario para que no se marchite. Algunos comportamientos son como veneno para el amor, y conviene tenerlos muy en cuenta para extirparlos en cuanto empiezan a crecer como malas hierbas. Antes de entrar en pasion.top para encontrar pareja toma nota de las 7 cosas que arruinan tu relación de pareja.

Juzgar. Comprometerse con una persona es comenzar a conocerla de verdad. Después de unos meses de relación, y sobre todo si empiezan a convivir, ya no ves a tu pareja solamente cuando quedan para ir a cenar a un sitio bonito, los dos bien arreglados y habiendo dejado los problemas aparcados en casa.Oh, y por supuesto dispuestos a pasarlo en grande en la cama después de la sobremesa. El roce hace el cariño, pero también pone al descubierto las manías, costumbres, temores y creencias de la otra persona. Y todo eso lleva a frecuentes desencuentros y hasta crisis de pareja. No hay que evitar las discusiones, porque si se gestionan bien les pueden ayudar a crecer y compenetrarse mejor, pero sí tienes que procurar no juzgar y condenar a tu pareja, como si tú lo supieras todo o fueras perfecto. El amor consiste en comprender, perdonar, ponerse en la piel del otro, aceptar, tender puentes.

Callar. Una relación saludable consiste en un equilibrio entre dar y recibir. No debes callarte todo aquello que te hace sentir mal, porque lo único que lograrás será crear una enorme bola imaginaria que cada vez será más pesada, como las que llevan los prisioneros amarradas a los tobillos en los dibujos animados. Y que acabes amargada no es bueno para nadie. Si alguna costumbre de tu pareja te molesta muchísimo, díselo (con tacto). Si crees que el reparto de tareas domésticas no es justo, háblalo con él. Si te parece que tu suegra abusa al visitarles con demasiada frecuencia, coméntaselo. Y así con todo. Mejor aún si buscan un momento a la semana justamente para eso: charlar, debatir, expresarse, compartir puntos de vista, ponerse de acuerdo.

Competir. Las personas que se toman la vida como una competición pueden crear un ambiente muy estresante a su alrededor. Así que si tú estás siempre midiéndote con tu pareja o viceversa, la convivencia se verá seriamente alterada. Los dos vivirán en tensión. El que compite, porque vive para satisfacer su necesidad de quedar por encima. Y el otro, porque se sentirá siempre cuestionado y ansioso. Así que si eres la persona que compite, pregúntate de dónde vienen esas ansias por ser el mejor y obtener reconocimiento (¿acaso sentías que en tu infancia no te valoraban lo suficiente a no ser que fueras “bueno”?) y trata de sanar esa herida infantil. Y si estás en el otro lado, procura no entrar en el juego de pasarte la vida demostrando que eres lo bastante bueno. Si ambos se aman de verdad, no tienen que demostrarse su valía. Se da por sentada.

Criticar. Muchas parejas que llevan tiempo conviviendo caen en la mala costumbre de criticarse mutuamente. Por todo y por nada. La cosa empieza cuando algunos hábitos o rasgos de carácter del otro que antes te eran indiferentes o incluso te gustaban, de repente empiezan a molestarte. Y en lugar de tener paciencia y empatía, o de explicarle a tu pareja cómo te sientes, elijes callarte. Porque no sabes cómo hablar con él o ella sin discutir, por temor a que no te entienda o a pelearse. Sin embargo, cuando te tragas tu malestar te acabas sintiendo frustrado e irritable, haces críticas injustas y lanzas indirectas y comentarios que al otro le duelen más que una discusión, y que van construyendo un muro de silencio y rencor que los aleja mutuamente.

Perder las formas. Hay un dicho español que asegura que “La confianza da asco”. Se refiere, cómo no, a que cuando dos o más personas comparten el mismo espacio acaban dejando de lado la cortesía y los buenos modales. Bueno, es lógico que si llevas tiempo viviendo con tu pareja él no te sujete la puerta cada vez que vas a pasar a la cocina ni ella corra como loca a besarte cada vez que entras por la puerta. Pero nunca deberían perderse el respeto. En el momento en que una pareja comienza a despreciarse e incluso llegan a insultarse, su unión se resquebraja de forma casi irreparable. A todos nos gusta que nos traten bien, y en una pareja los dos necesitan sentirse respetados y respetar al otro, ser amables porque eso ayuda mucho a mantener una convivencia fluida (¡y el deseo sexual vivo!) Lo contrario es dar su presencia por sentada, como si se tratara de un mueble. Y conduce, tarde o temprano, a un ambiente crispado, triste y negativo que puede convertirse en un infierno del que uno solo quiere escapar.

Ocultar los sentimientos. Hay parejas más expresivas que otras, pero sean como sean no deben olvidar nunca lo importante que es compartir sus sentimientos. Cada vez que se dicen “te quiero” refuerzan su unión y se recuerdan su decisión de compartir la vida. Cada vez que se cuentan sus temores, que le revelan al otro sus sueños o que le dejan entrar en sus zonas oscuras, están abriéndole al otro su corazón. Se sentirán queridos, aceptados, comprendidos. Encontrarán lo que todos buscamos en el amor y en la pareja: refugio, aliento, amor. En cambio, cuando ocultan sus sentimientos levantan un muro que los aleja del otro, a veces muy rápidamente. Muchas relaciones se frustran por no hablar, por no saber compartir ni intentarlo siquiera, por elegir cerrarse, callar, tragar.

Compararte con otras parejas. ¿De verdad crees que la hierba del vecino siempre es más verde? Cuidado con las comparaciones, porque lo único que ves de otras parejas es su imagen externa. Incluso si se trata de tu hermano y su pareja, o de tu mejor amiga y su esposo, y los conocen bien, ten por seguro que ignoras muchos aspectos de su intimidad. Puede que otras parejas den una imagen de aparente perfección, pero en casa no dejen de discutir, o que una mujer presuma de su matrimonio cuando en el fondo se siente desdichada porque su marido no la comprende. Si te fijas solo en eso que parece perfecto y mejor que lo tuyo, estás viendo solo una escena de la película, una imagen que no refleja toda la realidad. Y te amargarás pensando que otros están peor que tú, entrando en una espiral de victimismo.

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